Así lo dice al menos Nelson Castro en esta nota en la que cuenta su despido de Radio del Plata, por ahora el único medio en manos de Electroingeniería. La empresa cordobesa ingresó con torpeza al bazar de los medios de comunicación.
Actualizo: Infonegocios cuenta que Cadena 3 niega que la compre Electroingeniería.
2 de febrero de 2009
Electroingeniería va por más radios
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22 comentarios:
Es muy peligroso cuando los grupos económicos se introducen en los medios de comunicación, corre peligro su independencia y objetividad. El periodista Nelson Castro considero que es una víctima de este "procedimiento" y la empresa Electroingeniería además de hacer escuelas y lobbys debería atenerse a su mandato.
No dice un refrán zapatero a su zapato?
Es increíble que pasen estas cosas. Y lo peor de todo es que va a tener poca repercusión, poca trascendencia en el tiempo mas que nada.
Y si a eso le sumamos que para el común de la gente, ésto no siginifica nada, es simplemente un tema bursatil, una compra-venta, se puede caer en la aceptación del desarraigo de las libertades.
Saliendo del tema, excelente blog, mis felicitaciones al periodista, de parte de un lector de la docta.
Electroingeniería...?
Por cuenta y orden de quién??... y para qué ??!!
Caete, loco, ahora van por 'Cadena 3'...
Se corre la bolilla que Electroingeniería quiere comprar Condena 3. De Guatemala a Guate pior.
Esteban
Estoy en total desacuerdo con que Nelson Castro, quien no es para nada santo de mi devoción, sea despedido por las razones que esgrime en el reportaje.
Por otro lado, y respondiendo al comentario de Edgardo yo pregunto ¿los grupos económicos no están ya -y desde hace rato- metidísimos dentro de los medios? ¿Quienes son los dueños del Grupo Clarín, de La Nación o de La Voz y La Mañana? ¿No son grupos económicos?
Si analizamos como se integran los paquetes accionarios de estas empresas tenemos de todo un poco. Clarín, por dar solo un ejemplo, tiene un 9% de las acciones en poder del Estado nacional (por las AFJP), más de un 30% en manos de Goldman Sachs, además de una porción de José Aranda (Ganadero y vicepresidente del grupo) y por supuesto la señora Ernestina H. de Noble y su grupo de gerentes.
Los medios, como empresas que producen dinero y concientes de su poder de lobby inevitablemente son zapateros que hacen zapatos, o sea: negocios.
Una vez que adoptamos el modelo de Sociedades Anónimas para los medios de comunicación, ¿qué argumento se puede dar para impedir (o criticar) que la empresa X compre la radio Z? ¿Y que luego el nuevo dueño prescinda de los servicios de un periodista (en este caso, el excelente y capaz Nelson Castro)? Sí, es verdad: aquí está detrás el gobierno. Pero en otro caso, la empresa también echaría a un periodista que criticara sus negocios propios. Nelson Castro dice que Tinelli le "permitió" hablar del problema de las facturas truchas de Ideas del Sur. Esto ya nos da una pauta de cómo son las cosas cuando los medios se organizan como las fábricas de ventiladores o las cadenas de peluquerías.
Es el capitalismo, estúpido, dan ganas de decir...
Otra cosa sería si los medios adoptaran otras modalidades. Cooperativas, empresas públicas con control de trabajadores y público, empresas públicas autonómas (al estilo de la BBC), empresas unipersonales. No es que vaya a ser perfecto, claro, pero al menos estaría claro qué intereses están detrás de cada quién, y cuál es el objetivo del medio (informar y debatir, en lugar de "reunir dinero de publicidad sin afectar las otras áreas de la empresa").
Es una discusión revieja, lástima que no la terminamos de dar nunca. La ley "Videla" de Radiodifusión, sigue tan campante... Con el agregado del Decreto de "necedad y urgencia" de Carlos Menem, que autorizó en 1989 los multimedios.
Saludos a Sergio y los co-comentadores...
Horacio, de
Radio Tosco
(Sociedad Anónima)
te felicito por el blog ,esta buenisimo
Electrongeniería, junto a otras empresas, ganó la licitación para hacer obras cloacales en Córdoba.
Papando moscas en el área
Por Fernando Peña.
Nada le sirve a esta sociedad, a este país. Nada los alecciona. Nada les enseña. Siempre dejan pasar toda oportunidad de gol. Yerran todos los penales. Hacen chapa chapa en el agua sin agarrarse del salvavidas y se ahogan… y pasan las oportunidades… y siguen pasando… y, lamentablemente, creo que seguirán pasando por siempre y para siempre.
¿Quiere el argentino (como integrante de una sociedad) ser salvado? ¿Le interesa? ¿Le preocupa? ¿Lo alivia?...
¿O se siente mejor esperando la salvación? Mi pregunta es si se siente mejor siendo víctima.
La víctima en cierta forma es la protagonista de la película, la inolvidable, la heroína… la pobrecita… a la que siempre ayudan… a la que siempre perdonan. La víctima siempre corre con la ventaja de su incapacidad, de su destino fatal… de ser siempre la pobrecita. Muchísimos actores y actrices han hecho fortunas y fama jugando a ese rol, puedo hablar de Bette Davis o Gregory Peck. Pero una sociedad no es Hollywood y de más está decir que sus integrantes, si juegan a ser la Davis o Peck, se las van a ver negras.
Estoy sorprendidísimo, anonadado, desilusionado. ¡No lo puedo creer! Pensé que el “ser” argentino tenía un límite, pensé que en algún momento agradecía la oportunidad y la aprovechaba. Pero no… la han dejado pasar otra vez. Digo la “han” porque esta vez no me incluyo para nada, me siento totalmente afuera de la situación, no comparto, ni me da risa, ni gracia, ni guiño y me lavo las manos con la conciencia limpia. Esta vez no soy cómplice, esta vez no estoy con ustedes, esta vez yo no fui. Es injusto tal vez pensar que soy el único que no adhiere a la reacción general; debe de haber, espero, otros tantos. Otros tantos que, viendo la oportunidad, se pusieron serios y pensaron: “Con esto no se juega, acá no hay chiste que valga, y no vale suavizarla con humor”. Fue como dejar pasar la sortija. Fue como no subirse al caballo. Fue como desatar la vaca… fue que algunos otra vez la dejaron pasar.
Me refiero concretamente al episodio de censura que sufrió Nelson Castro. Como la mayoría de ustedes saben, porque es de público conocimiento, Nelson Castro fue censurado, echado, removido, excluido, tapado, descartado de Radio del Plata. Cuando esto pasó o empezó a pasar (porque este diario y otros medios con información precoz lo adelantaron), parecía que iba a ser el tsunami que por lo menos lograría hacer que un poco de agua llegara a Olivos… no hablo del naufragio de los Kirchner, eso es imposible. Es imposible porque lamentablemente la democracia les conviene y es imposible porque lamentablemente nuestra cobarde tibieza de protesta de cacerola es incapaz de espantar a un gorrión herido. No tenemos ni la pasión francesa (por más que Mallmann cocine con fuego en nuestra televisión por cable), ni somos los mininhos que bajan desesperados de los morros de las favelas de Rio (aunque tengamos una generación de pibes de 30 que han tomado la leche con Xuxa). El caso Nelson Castro, en vez de ser visto como otro arrebato dictatorial y autoritario de parte de papá Néstor y mamá Cristina, fue mediatizado, no se le sacó el jugo para nuestro provecho (el de la sociedad digo), se hicieron chistes a granel y se lo desperdició… ya fue. Cierro los ojos y juro que puedo ver a Néstor y a Cristina hablando con Córdoba y riendo a carcajadas mientras el fantasma de Heath Ledger les sirve un licor de arándanos… ríen y brindan por ser copropietarios junto con los Benetton, los Turner y tantos otros que van comprando la Argentina. Creo que este escrito, si no es el último, será el penúltimo, o por ahí anda, de los escritos que recordarán este infeliz y peligroso episodio. Otra vez se quedaron en el detalle, en lo pequeño, en la anécdota. Para el 90% de los argentinos, la noticia no pasó de un título: “Nelson Castro censurado en radio”. La mayoría no sabe de qué Castro hablamos, de qué radio hablamos, de qué dueños de radios hablamos, de qué negociados hablamos… la mayoría no sabe nada. No es la censura del programa de Castro. Y me atrevo a decir que tampoco es importante que don Néstor o doña Cristina hayan levantado un tubo que comunica directo con la empresa Electroquímica pidiendo que lo bajen a “Benenito” con la misma falta de respeto y liviandad con la que lo hacen para pedir que le preparen el Tango 01 para ir a Europa. No, eso tampoco es tan importante. Son anécdotas presidenciales, son Watergate, son pactos de Olivos, son tejes y manejes, son affaires político- mediáticas a las que nosotros, los medios, y los políticos estamos acostumbrados. Los medios y los políticos patinamos sobre hielo, a veces nos caemos y nos raspamos, pero rara vez nos degüella la cuchilla del patín del otro. Me atrevo a decir que esta vez la pelota, el tren, el salvavidas, la oportunidad, o como la quieran llamar, estaba del lado de ustedes: “La sociedad”. Por supuesto que los políticos y la gente de los medios también somos sociedad, pero, para que lo entiendan mejor, la sociedad se divide mayormente en cuatro estratos: políticos, medios, empresarios y civiles. En este episodio los políticos actuaron activamente. Nosotros, los medios, cabeceamos el córner y casi metemos un gol, a los empresarios como casi siempre les importó poco y a ustedes civiles se les escapó la pelota por la red agujereada que nunca terminan de zurcir y no fue gol.
Néstor y Cristina nunca se van a morir de hambre. Nelson tampoco. Yo tampoco. Y ustedes tal vez tampoco. No hablo de crisis ni de catástrofes ni de hambrunas. Tampoco hablo de operetas ni zarzuelas, ni cacerolazos ridículos, ni de neumáticos a los que se les prende fuego, ni de cortarnos las venas… pero tampoco me hubiera gustado hablar de humoradas, chistes y oportunismo para hacer de este episodio gravísimo un sainete barato porque todo concluyó en un callejón sin salida. Todo concluyó en que la sociedad es la más perjudicada porque está permitiendo que la aíslen, que la incomuniquen, que la desinformen, que los traten como bobos, como Dummies (que son esos muñecos muy parecidos a los humanos y que se usan para ver cuánto sufre un humano).
Casi como dormida y entumecida en sus reflejos, casi como en coma, casi ignorante, casi canchera, con la viveza criolla de siempre, la sociedad argentina le pegó de taquito y le erró a un episodio que era un centro servido. Pocas sociedades tienen la habilidad de ver venir la pelota, sabiendo que es la pelota de la definición, afirmarse con una pierna, mirar el objetivo y darle como sea, ya sea de punta, con el empeine o con el tobillo, pero darle con fuerza y meterla.
Por vivos, por chistosos, porque duele ver la realidad y era más fácil hacer chistes y humoradas, dejaron pasar otra pelota. Y lo peor es que ni siquiera están dormidos, están cancheritos pensando que hay resto y changüí, porque la Argentina es grande y los siete climas y bla, bla, bla...
Ya pasó, ya fue, tarde, gol de Néstor y Cristina. Nosotros, los medios, los árbitros, estamos gozando de un baño reconfortante, pues hemos cumplido con nuestro trabajo: informar, avisar, chiflar. El poder cumplió también, silenció otra voz. Mal o bien, poder y medios actuaron… silencio de radio, desunión, enfrentamiento, confusión… los pingüinos 1-los argentinos 0… ¿por qué…? Porque estaban papando moscas en el área.
Radio del Plata hace publicidades (grandes y seguido) en Crítica de la Argentina y no les tiembla el pulso en criticar la censura a Nelson Castro.
esta bien, pero adepa es bastante tendenciosa. se queja por el despido de nelson castro pero antes no dijo nada cuando La Voz echó a enrique lacolla. doble moral que le dicen.
no sé si castro es tan buen periodista como para defenderlo de esta forma o si lacolla es tan malo como para no decir nada. más parece que en el contexto de la lucha de poder de los grupos mediáticos concentrados con los K todo medio afin al gobierno, o propiedad de grupo mediático idem, será defrenestrado. pero sobre cadena 3, vocera delasotista durante años -recordemos al inefable gustavo bastos como jefe de noticias- nadie nunca le dijo nada.
digo, no seamos giles. estas son luchas entre grupos de poder. en un caso y en el otro la información mediatizada no es un bien público sino una mercancía (¿producto?) que se utiliza con otros fines.
La censura es indefendible, venga de donde venga.
Saludos.
Les recomiendo una nota que está en la página del gremio de prensa www.prensared.com.ar titulada "El muerto se asusta del degollado" y que compara el caso del despido de Nelson Castro y la "desafectación" de Enrique Lacolla en La Voz.
Pepe Castro.
Ambas censuras son repudiables.
¿O una es más aceptable que la otra?
Saludos.
La hora de disciplinar a los micrófonos
Por Pablo Sirvén
Néstor Kirchner (no Barack Obama, como cree Cristina) copia (malamente) al Perón autoritario de los primeros tiempos (1946-55) en su continuado y persistente movimiento de pinzas para ahogar o acorralar al periodismo que no le es adicto.
Primero se metió en el bolsillo a la TV otorgándole, en 2005, diez años más de licencia a cambio de silencio, indiferencia o, a lo sumo, mirada tibia sobre los actos de su gobierno y el de su mujer. El pacto todavía funciona a las mil maravillas: la pantalla chica puede descarrilar a cualquier hora del día con constantes procacidades y amarillismos sin ser molestada jamás por el Comfer.
Después, elevó casi en diez veces la pauta oficial, que reparte con más generosidad entre aquellos que profesan fervientemente el culto oficialista. Luego auspició una cantidad insólita de publicaciones y pasquines de exigua o nula circulación. Pero llamaba la atención que no "atendiera" con el mismo ímpetu otro frente mediático poderoso, de llegada instantánea y de gran credibilidad popular, como la radio.
No conforme con contar con la incondicional simpatía de la emisora más oída (Radio 10), la militante radio de las Madres de Plaza de Mayo y haber corrido de Radio Nacional de manera más que desprolija a Pepe Eliaschev a fines de 2005, de a poco el éter va virando en los últimos tiempos a una innegable tonalidad kirchnerista. Siendo la radio un medio de escasa o hasta nula rentabilidad es curiosa la avidez repentina de grupos empresarios que, al calor del poder, acceden a los micrófonos (Raúl Moneta tiene Radio Belgrano; el Grupo Spolski controla Aspen, América y Del Plata; Luis Cetrá tolera que Rivadavia se torne más oficialista, y Electroingeniería desembarcó ruidosamente también en Del Plata, al eyectar de su programación a Nelson Castro).
* * *
"Ahora van a tener que marcar el paso todos y lo que te pasó a vos, también les puede ocurrir a los otros. Decíselo a ellos no más", le espetó, en 1947, Eva Perón a don Jaime Yankelevich tras la momentánea clausura de su emisora, la por entonces superescuchada Radio Belgrano. Lo que pasó en aquella época fue sorprendente: tanto Yankelevich como sus principales colegas radiales fueron "invitados" a venderle al Estado sus radios, si no querían exponerse a la persecución de molestas inspecciones y perder sus licencias por las razones más nimias. Para los más dóciles había un perverso premio: podían continuar al frente de sus ondas, pero no ya como empresarios privados, sino como solapados funcionarios estatales. El dinero necesario para efectivizar la cesión salía del Instituto Argentino de Promoción Industrial (IAPI), pero el traspaso no era publicado en el Boletín Oficial. Todo debía parecer "espontáneo".
Previamente hubo un trabajo de "ablande": la Federación de Trabajadores del Espectáculo Público había declarado una huelga que enmudeció a las emisoras independientes que entraron en cadena con Radio del Estado para revertir el silencio impuesto. Viene también al caso hacer memoria (ahora que el gremio de camioneros, que lidera el pope cegetista Hugo Moyano, intenta absorber el reparto de periódicos y revistas) sobre que el largo y cruento proceso que desembocó en la confiscación del diario La Prensa , en 1951, comenzó con un conflicto surgido precisamente en el Sindicato de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines.
* * *
Ha caído Nelson Castro de la manera más artera posible (no se lo dejó siquiera despedirse de su audiencia y se le rescinde el contrato cuando ya la temporada radial está jugada, así no se puede reinsertar en ningún medio). La empresa que lo tenía contratado no se dignó explicar en su escueto y soviético comunicado público las razones de tan sorpresiva decisión. Como si fuese poco ahora, desde Radio Mitre, lo hostigan con chistes hostiles.
Si hasta no hace mucho el poder K actuaba por la periferia (captando o creando ondas poco significativas o "alquilando" la línea editorial de algunas más poderosas con su multimillonario y constante flujo de dinero), el desembozado ataque a un "número 1" como Castro significa una señal clara de que la ofensiva oficial sobre los medios entró en una fase de acentuación rotunda, ya sin ocultamientos cosmetológicos, en consonancia con la crucial necesidad del kirchnerismo de salir airoso en las elecciones legislativas de este año.
Bajo esa luz deben leerse las últimas significativas movidas en la materia: la promoción de Alfredo Scocimarro, vocero de Néstor Kirchner, a un lugar clave de la Secretaría de Medios; el otorgamiento de una veintena de licencias radiales en el interior, y la creación de una dirección de medios comunitarios para hacer llover dinero en cantidad que aliente más voces y plumas afines.
* * *
Ya que se pretende que hasta Obama siga al primer Perón, no está de más recordar una vez más una lúcida autocrítica del último Perón, acaso más sabio que el anterior: "En 1945, todos los medios masivos de comunicación estaban contra nosotros y ganamos las elecciones. En 1955, todos estaban a favor de nosotros, porque eran nuestros la mayor parte, y nos echaron, y en 1972 estaban todos en contra de nosotros y les ganamos por el 60 por ciento. De manera que, vamos, todo es relativo en esta vida".
La hora de disciplinar a los micrófonos
Por Pablo Sirvén
Néstor Kirchner (no Barack Obama, como cree Cristina) copia (malamente) al Perón autoritario de los primeros tiempos (1946-55) en su continuado y persistente movimiento de pinzas para ahogar o acorralar al periodismo que no le es adicto.
Primero se metió en el bolsillo a la TV otorgándole, en 2005, diez años más de licencia a cambio de silencio, indiferencia o, a lo sumo, mirada tibia sobre los actos de su gobierno y el de su mujer. El pacto todavía funciona a las mil maravillas: la pantalla chica puede descarrilar a cualquier hora del día con constantes procacidades y amarillismos sin ser molestada jamás por el Comfer.
Después, elevó casi en diez veces la pauta oficial, que reparte con más generosidad entre aquellos que profesan fervientemente el culto oficialista. Luego auspició una cantidad insólita de publicaciones y pasquines de exigua o nula circulación. Pero llamaba la atención que no "atendiera" con el mismo ímpetu otro frente mediático poderoso, de llegada instantánea y de gran credibilidad popular, como la radio.
No conforme con contar con la incondicional simpatía de la emisora más oída (Radio 10), la militante radio de las Madres de Plaza de Mayo y haber corrido de Radio Nacional de manera más que desprolija a Pepe Eliaschev a fines de 2005, de a poco el éter va virando en los últimos tiempos a una innegable tonalidad kirchnerista. Siendo la radio un medio de escasa o hasta nula rentabilidad es curiosa la avidez repentina de grupos empresarios que, al calor del poder, acceden a los micrófonos (Raúl Moneta tiene Radio Belgrano; el Grupo Spolski controla Aspen, América y Del Plata; Luis Cetrá tolera que Rivadavia se torne más oficialista, y Electroingeniería desembarcó ruidosamente también en Del Plata, al eyectar de su programación a Nelson Castro).
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"Ahora van a tener que marcar el paso todos y lo que te pasó a vos, también les puede ocurrir a los otros. Decíselo a ellos no más", le espetó, en 1947, Eva Perón a don Jaime Yankelevich tras la momentánea clausura de su emisora, la por entonces superescuchada Radio Belgrano. Lo que pasó en aquella época fue sorprendente: tanto Yankelevich como sus principales colegas radiales fueron "invitados" a venderle al Estado sus radios, si no querían exponerse a la persecución de molestas inspecciones y perder sus licencias por las razones más nimias. Para los más dóciles había un perverso premio: podían continuar al frente de sus ondas, pero no ya como empresarios privados, sino como solapados funcionarios estatales. El dinero necesario para efectivizar la cesión salía del Instituto Argentino de Promoción Industrial (IAPI), pero el traspaso no era publicado en el Boletín Oficial. Todo debía parecer "espontáneo".
Previamente hubo un trabajo de "ablande": la Federación de Trabajadores del Espectáculo Público había declarado una huelga que enmudeció a las emisoras independientes que entraron en cadena con Radio del Estado para revertir el silencio impuesto. Viene también al caso hacer memoria (ahora que el gremio de camioneros, que lidera el pope cegetista Hugo Moyano, intenta absorber el reparto de periódicos y revistas) sobre que el largo y cruento proceso que desembocó en la confiscación del diario La Prensa , en 1951, comenzó con un conflicto surgido precisamente en el Sindicato de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines.
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Ha caído Nelson Castro de la manera más artera posible (no se lo dejó siquiera despedirse de su audiencia y se le rescinde el contrato cuando ya la temporada radial está jugada, así no se puede reinsertar en ningún medio). La empresa que lo tenía contratado no se dignó explicar en su escueto y soviético comunicado público las razones de tan sorpresiva decisión. Como si fuese poco ahora, desde Radio Mitre, lo hostigan con chistes hostiles.
Si hasta no hace mucho el poder K actuaba por la periferia (captando o creando ondas poco significativas o "alquilando" la línea editorial de algunas más poderosas con su multimillonario y constante flujo de dinero), el desembozado ataque a un "número 1" como Castro significa una señal clara de que la ofensiva oficial sobre los medios entró en una fase de acentuación rotunda, ya sin ocultamientos cosmetológicos, en consonancia con la crucial necesidad del kirchnerismo de salir airoso en las elecciones legislativas de este año.
Bajo esa luz deben leerse las últimas significativas movidas en la materia: la promoción de Alfredo Scocimarro, vocero de Néstor Kirchner, a un lugar clave de la Secretaría de Medios; el otorgamiento de una veintena de licencias radiales en el interior, y la creación de una dirección de medios comunitarios para hacer llover dinero en cantidad que aliente más voces y plumas afines.
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Ya que se pretende que hasta Obama siga al primer Perón, no está de más recordar una vez más una lúcida autocrítica del último Perón, acaso más sabio que el anterior: "En 1945, todos los medios masivos de comunicación estaban contra nosotros y ganamos las elecciones. En 1955, todos estaban a favor de nosotros, porque eran nuestros la mayor parte, y nos echaron, y en 1972 estaban todos en contra de nosotros y les ganamos por el 60 por ciento. De manera que, vamos, todo es relativo en esta vida".
Sergio: Muy facho el comentario de Pablo Sirven. El párrafo: "Ha caído Nelson Castro de la manera más artera posible (no se lo dejó siquiera despedirse de su audiencia y se le rescinde el contrato cuando ya la temporada radial está jugada, así no se puede reinsertar en ningún medio)", es sinceramente patético.
Para escuchar la otra campana te mando un comentario que salió en la nota "El muerto se asusta del degollado") en la página del Cispren y que compara a un periodista (Lacolla) con un empresario de la comunicación (Nelson Castro)
Saludos. Renzo. Muy buena la página.
El comentario
Un lector de Prensared :: 2009-02-11 07:02:07
Podría agregarse algo al caso Nelson Castro y por supuesto a la comparación con la desaparición de la firma de Enrique Lacolla de La Voz del Interior. El primero es una suerte de empresario, como lo era el inefable Bernardo Neustadt. Ese tipo de comunicadores suele pasar de micrófono en micrófono, de pantalla en pantalla, como hace Mariano Grondona, acompañado de su corte de auspiciantes: empresas de primer nivel, siempre ligadas al establishment, que aportan dinero porque el discurso del “periodista” marcha en paralelo a sus intereses y por lo general lejos de los intereses de la Nación. Los contratos de Castro no son vulgares contratos laborales, son realmente convenios empresariales, donde se fijan ingresos y participaciones y otras cuestiones de esa naturaleza. Lacolla era un colaborador enmarcado, aunque el patrón no lo cumpliera estrictamente, en el Estatuto del Periodista Profesional. Con Castro se dio fin a una relación comercial, lo de Lacolla fue un despido encubierto.
¿Hay que ser pobre y no tener auspiciantes para ser un buen periodista?
Hay que tener dignidad. Renzo
La censura es indefendible, venga de donde venga.
Saludos.
La censura es indefendible, venga de donde venga.
Saludos.
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