La nueva El Sur le sigue las pistas a algunos de los personajes del caso Nora Dalmasso: el fiscal, la amante, el viudo. Y cuenta que precisamente el viudo, Macarrón, amplió la querella contra el director de la revista Hernán Vaca Narvaja.
14 de julio de 2009
Villanos y payasos
La nueva El Sur le sigue las pistas a algunos de los personajes del caso Nora Dalmasso: el fiscal, la amante, el viudo. Y cuenta que precisamente el viudo, Macarrón, amplió la querella contra el director de la revista Hernán Vaca Narvaja.
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Una mañana de enero de 1999, una excelente fotógrafa de una gran agencia internacional de prensa, y que por entonces tenía su base en Nairobi, telefoneó a su jefe en Londres. “Hay que ir a Sierra Leona”. Se había incendiado aquel país gemelo en historia y tragedias de Liberia situado al otro lado del continente. Una guerrilla cruel compuesta en parte por niños que cortaban manos había tomado dos tercios de la capital, Freetown, derrotando a los indisciplinados, corruptos y poco efectivos soldados nigerianos de la misión de paz regional (Ecomog).
Un equipo de la agencia rival había enviado un material terrorífico y de primera clase sobre aquella guerra: cuerpos hinchados por el sol y abandonados en la calle, buitres devorando las entrañas y, sobre todo, mucha desolación. El equipo de la agencia rival fue tiroteado a los pocos días. Murió el productor Miles Tierney, resultó herido de gravedad Ian Steward y el fotógrafo David Guttenfelder. Cuando matan a periodistas en una guerra olvidada muchos otros periodistas pierden interés. No fue el caso de Corinne Dufka, quien peleó duro por ir al centro de la noticia. Su jefe en Londres, tal vez sentado en un despacho de la agencia Reuters con una jarra de pésimo café inglés hirviendo a la mano, respondió: No interesa.
Esta negativa automática, y muy poco periodística, condenó a cientos de miles de personas a la invisibilidad informativa. Cerca de 7.000 seres humanos murieron en Freetown en tres semanas (un número muy elevado si tenemos en cuenta que 10.000 fueron los muertos durante tres años y medio del cerco criminal en Sarajevo) sin ocupar un lugar en los titulares de unas noticias internacionales que se nutrían sólo del morbo y el espectáculo de la mancha que le había salido al vestido de Monica Lewinsky.
A veces se nos olvida que el cáncer viene de lejos, que los síntomas del deterioro ya estaban allí. Si Dufka hubiese acudido a esa guerra, habría fotografiado con valor y calidad (como hizo en Centroamérica, Bosnia-Herzegovina y África) lo que sucedía debajo del iceberg (por el cartel del post: África en las noticias y el The New York Times y otros grandes periódicos anglosajones hubiesen tenido fotografías extraordinarias para sus primeras páginas.
Una foto, como del hombre con un agujero en la espalda caído sobre una valla en Sarajevo en agosto de 1995, tras el segundo bombardeo del mercado, es capaz de poner en marcha un mecanismo de respuesta. Sierra Leona no lo tuvo. Hay responsables de ese silencio.
En Sierra Leona, y Ruanda y en muchos otros lugares, no falló sólo la llamada comunidad internacional, fallamos los periodistas, los que dicen no interesa con una jarra de mal café inglés entre las manos y los que tienen miedo y también los que sólo miran presupuestos como si entre todos esos números estuviera la salvación de un oficio que se nutre de historias, de gente, de vida. La información no es una mercancía que se vende -verbo que se ha incrustado en el vocabulario de muchos-, la información libre es la base de la democracia. Eso es lo que está en juego: valores, ideas. Sin información solo hay una inmensa impunidad.
PD. Corinne Dufka dejó la agencia Reuters y el periodismo. Algo que benefició a África: es autora de extraordinarios informes para Human Rights Watch. Documentó con textos y fotografías el sufrimiento de Sierra Leona para que nadie pudiera decir nunca más No interesa.
El programa 6 en el 7 a las 8 que va de 20 a 21 y conduce María Julia Oliván fue levantado abruptamente del aire cuando algunos de los panelistas, entre ellos, Orlando Barone y la propia conductora criticaban el aumento millonario en las arcas personales del matrimonio presidencial. Luego de un informe y en medio de un comentario de la joven periodista salió bruscamente al aire el grito de la chica de la propaganda de Movistar que se asusta con una araña y al instánte fueron sacados del aire inmediatamente. Luego de la tanda volvieron al piso con los integrantes desencajados y Oliván dijo textualmente "esto es una despedida, lamentablemente no podemos conocer la opinión del licenciado Forster", quien estaba en el piso, Barone agregó "no hubo ningún llamado del Calafate, vamos a seguir tratando el tema de la declaración patrimonial mañana". Dando a entender que la orden de mandar ese "tandazo" encima de sus comentarios provenía de algún directivo del canal o del Sistema Nacional de Medios Públicos. Este blog (http://noterodeapie.blogspot.com/) apuesta por el temible Félix Molina (titular de contenidos del SNMP) o el propio Tristán Bauer. Seguido y sin mediar otra explicación, el ciclo terminó y fue puesto el noticiero Visión Siete. A pesar de que estaba prevista una transmisión de vóley con la selección argentina y que se iba a estar media hora menos, la cosa fue muy obvia y tajante.
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