
Cada vez son más los medios que, para oponerse al proyecto oficial de servicios audiovisuales, apelan a sembrar el miedo entre su audiencia. Le dicen a sus oyentes/televidentes que el medio corre riesgo de desaparecer, que no van a poder pasar las canciones que a ellos les gustan, que van a despedir a todo su personal, que se viene -casi- el apocalipsis montado en un pingüino narigón. De esta manera ninguno es capaz de aceptar que el proyecto tiene costados positivos -por ejemplo, abrir el espectro a nuevos jugadores y fomentar el federalismo y las producciones locales-, y exageran los costados negativos -que, en mi opinión, también son numerosos. En Cadena 3, escuché a Mario Pereyra presentar un tema del Chaqueño Palavecino diciendo que aprovechaba para pasarlo ahora, porque no sabe si, con la nueva ley, después el gobierno lo dejará. Eso es una gran mentira: el proyecto lo que hace es fomentar la difusión de la música nacional, y no le fija topes sino un piso. O sea, el Chaqueño y sus colegas deberán estar agradecidos si se aprueba la ley porque cobrarán más derechos por sus obras y serán más difundidos. LV3, que desaparecería como gran cadena con la nueva ley, suma cada día una nueva opinión calificada a favor de su cruzada contra la ley. Le tocó a Schiaretti, al ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, y hoy fue el turno de Mirtha Legrand, quien dice en esta nota con mi amigo Mauricio Conti, que escucha la radio cordobesa todos los días, y pidió que no la cierren.
En lo personal, me gusta que exista algo como Cadena 3, me gusta que haya una radio que se escuche en todo el país y no sea de Buenos Aires, me gustaría que haya radios santafesinas o santiagueñas o jujeñas que pudieran hacer lo mismo. El proyecto oficial está rengo cuando dice que una cadena no podrá tener más de 10 emisoras y la obliga a un alto porcentaje de producción local en cada lugar, pero no da alternativas ni explica cómo será el sustento comercial (no lo explica ni para las empresas privadas ni para las organizaciones comunitarias que se supone se van a quedar con el 33 por ciento del espectro radiofónico). Por otro lado, todos los que somos de ciudades pequeñas o pueblos, sabemos con seguridad que el proyecto así como está es impracticable cuando sueña que, por ejemplo, Mina Clavero o Tinogasta o Maimará, podrán reemplazar con producción propia los cientos de horas de programación que hoy reciben a través de repetidoras. ¿Quién pagará por eso? ¿De dónde serán las empresas que lo sustenten comercialmente? ¿Está mal que en Malargüe o Río Gallegos se escuche, por ejemplo, Cadena 3, si es sólo una de la docena o dos docenas de emisoras que se receptan ahí?

























































































