6 de junio de 2010

¡Arriba los pañuelos, periodistas!

Mañana se va a celebrar el Día del Periodista que menos entusiasmo genera desde que me dedico a este oficio hecho de letras, chequeos, puteadas, satisfacciones y telefonazos. El cambio profundo que enfrenta el periodismo, la nueva relación con la información que facilitan las nuevas tecnologías, la caída en las circulaciones y en la influencia pública de la prensa gráfica, la desorientación de las universidades que siguen formando profesionales para una profesión que ya no existe, la depreciación de las condiciones laborales en las empresas de medios, todo se conjuga para que mañana, en lugar de nuestros vasos, podamos levantar nuestros pañuelos. Podríamos hablar horas sobre esto (de hecho, algunos llevan años hablando de lo mismo y vendiendo su horóscopo más o menos apocalíptico, más o menos ingenuo de lo que deparará el futuro). Elijo referirme a estas cosas:

1) Mañana el gobernador de la provincia de Córdoba, Juan Schiaretti, organiza un brindis para periodistas. Sería mucho más serio que el gobernador celebrara la libertad de prensa entregando las respuestas a los pedidos de información pública que su gobierno viene ignorando desde hace tres años. Por ejemplo, los cordobeses siguen sin conocer el contenido de la declaración jurada del ex gobernador De la Sota porque Schiaretti la mantiene bajo llave. Y así como con Schiaretti, la farsa se repetirá mañana en los salones oficiales de todo el país. Esto es corrupción, no hay que darle tantas vueltas a la hora de calificarlo.

2) Cada vez más los jóvenes que ingresan a trabajar en sitios periodísticos se parecen más a data-entries que a periodistas. Clavados a un escritorio, atados por el cable del teléfono y dependientes de las pantallas, mantienen poco de los periodistas reflexivos, callejeros y cuestionadores que hicieron que valiera la pena el oficio. No sólo es malo tener el culo en la silla todo el día, lo peor es que las noticias terminan saliendo como nuestros culos: infladas, sin color y generalmente poco atractivas. No, García Márquez: este ya no es el mejor oficio del mundo.

3) Una gran parte de las empresas periodísticas hoy solamente son empresas, que gozan del beneficio de apelar a la libertad de prensa cuando sus balances se inclinan al rojo. Es fantástico. Imaginen a las automotrices diciendo que se violan los derechos humanos cuando cae la venta de utilitarios. Con honrosas excepciones empresarias al margen, hoy los únicos que ponemos la cara y hacemos el esfuerzo de informar, de seguir contando cosas, somos los periodistas -con compañeros de ocasión como oenegés, algunos políticos, casi ningún empresario, casi ninguna asociación periodística. Es duro.

4) Entonces ¿ya podemos suicidarnos? Yo guardaría el 38, por ahora. Si nos apartamos de nuestra mirada interesada de periodistas, quizá sea un gran momento. La democratización de las tecnologías, aunque a diferentes ritmos, sí está funcionando. Hay muchas más puertas para acceder a la información que antes. Pese al esfuerzoque han hecho miles de manuales de estilo, los lectores no son más tontos sino mucho más inteligentes. Aprenden a elegir, a armar un mensaje, hacen oír sus voces, pueden cambiar más rápido de proveedor de noticias. No creo que sea posible un mundo sin periodistas, pero sí creo que más adelante quizá nos llamemos de otro modo, trabajemos en lugares que tengan poco en común con las redacciones, nos hayamos formado en especialidades y no seamos licenciados en Todología, y miremos con mucha nostalgia a esas personas que fuímos en los días de ahora. Por eso mañana, yo igual voy a brindar.