27 de noviembre de 2010

Basura periodística

Un juicio entablado por el abogado juecista Miguel Ortiz Pellegrini contra el diario La Mañana de Córdoba incluyó el testimonio de un ex empleado del diario, que sirve para apreciar la calidad humana de algunos de los periodistas que dirigen la redacción del diario fundado por Julio Ramos en 1997 y cuyo último dueño conocido fue el kirchnerista ex secretario nacional de Transporte , Ricardo Jaime. La Mañana de Córdoba, además de tener, como cualquier otro diario, gente de todo tipo, posee una característica reñida con la ética periodística más básica. Casi todos los días incluye notas firmadas con seudónimos, en las que se encarga de desprestigiar a políticos, empresarios, funcionarios y periodistas. Lo hace con saña y de manera sistemática, sin ahorrar ofensas. Lo peor de todo es que lo hace de manera impune, apelando a mentiras, insultos y calumnias, y aprovechándose de los privilegios constitucionales de los que goza la prensa, para usarlos a favor de los patrones políticos del diario o de los intereses personales de los cobardes de su redacción que escriben los textos que luego firman con seudónimos.

Los principales blancos de los anónimos del diario en los últimos años han sido el senador Luis Juez y el grupo Clarín. Al mismo tiempo, algunos de los destinatarios de su apoyo han sido José Manuel de la Sota, Juan Schiaretti, el vice Héctor "Pichi" Campana, el intendente Daniel Giacomino, el matrimonio Kirchner y, por supuesto, Ricardo Jaime. No escribo este texto para referirme ni a las cuestiones empresarias del enfrentamiento ni para discutir las posiciones políticas que apoyó o criticó el diario. Al fin y al cabo, todos los medios, desde sus posiciones, hacen ambas cosas. Reproduzco las páginas del testimonio que dio un ex periodista del diario, para exponer su relato ante el juez, su punto de vista sobre cómo se cocinarían un modo de practicar el periodismo y unos textos que deberían avergonzar a cualquier periodista.

Según esta nota que publicó La Nación esta semana, el director de La Mañana admite que el diario sólo vende mil ejemplares diarios. Es una lástima porque ahí escriben algunos de los mejores periodistas de deportes, de espectáculos, de sociedad, que hay en Córdoba. Es una lástima porque todos queremos que haya más medios, más voces, más trabajos. Pero como lo expone el periodista del diario en su testimonio ante el juez, preocupado con razón por el prestigio del lugar donde trabajaba, no todos sus compañeros compartirían esos intereses.

En lo personal, varias veces fui insultado por los textos firmados con seudónimos de La Mañana de Córdoba. Siempre aparecen después de que publico alguna nota que molesta al gobierno provincial. También recuerdo que Jorge "Petete" Martínez y varios periodistas de La Voz recibieron golpes iguales o peores en esos mismos textos. Lo peor es que había y sigue habiendo desprevenidos que a veces creen que lo que afirman esos textos es cierto. Una cosa es criticar el trabajo o la posición política de otros periodistas y medios, algo que no sólo no me molesta sino que me parece totalmente legítimo y, en estos momentos, hasta necesario. Cada uno se tiene que hacer cargo de lo que dice, de lo que firma, de lo que hace y de lo que deja de hacer. Pero como La Mañana de Córdoba, con sus seudónimos y su pequeño grupo de empleados con conciencias a sueldo, se cuelga en los kioscos junto con el resto de los diarios, no es extraño que pueda contaminar a algunos con sus mentiras.

Es tan patético lo de La Mañana con sus anónimos encubiertos, que hasta la página institucional con la historia del diario está firmada con uno de los seudónimos que usa casi todos los días. Frente a hechos como este, se cae con todo su peso la mentira, tan en boga en estos días, de que el periodismo debe ser militante, de que la objetividad y la imparcialidad no existen y que por lo tanto no tiene sentido tratar de ser equilibrados en el tratamiento de la información. Me tocó compartir escenario en un encuentro de periodistas con uno de los que aparece nombrados en el testimonio ante el juez. Recuerdo su apasionada defensa del periodismo militante y sus ataques contra los que se atrevían a hablar de periodismo objetivo. Ahora me quedan claras las cosas: no hablaba de periodismo. Estaba hablando de plata. Estas militancias no son gratuitas, no se hacen por convencimiento. Se pagan muy bien. Porque lo que estas personas venden no es solamente la pluma, se venden enteros, del zapato hasta el bigote, y de esos supermercados no se vuelve nunca.

Ojalá La Mañana pueda ser un mejor diario y se publique muchos años más. Si eso no ocurre, estos militantes comprometidos del anonimato deberán explicar no sólo sus conductas personales sino también la degradación y -ojalá que no- desaparición de medios como La Mañana y radio LV2, que también  manejaron. La culpa no es sólo de los políticos corruptos y los empresarios. Aquí, las cinco páginas del testimonio del periodista, del que cubrí sus datos personales. Hay que hacer un click sobre las imágenes para ampliarlas.